Odontólogo-paciente, una relación de (des)confianza

25 de julio de 2013

confiEn el post anterior hablaba de no depositar confianza ciega en nuestro odontólogo. Confianza, sí, y por eso tenemos que escoger a nuestro dentista de cabecera con esmero. Pero confianza ciega no nos la podemos permitir en los tiempos que corren. Puede que tire piedras contra mi tejado, pero es de justicia admitir que la relación médico-paciente ha cambiado. Y, sobre todo, la relación odontólogo-paciente.

En los últimos años, la odontología se rige por sistemas totalmente cartesianos donde todo se tiene que cuantificar y donde las decisiones se toman bajo criterios capitalistas. Por lo tanto, al final, se mezcla el servicio a la salud con la rentabilidad económica que le pediríamos a cualquier negocio. Eso a la fuerza influye en la relación odontólogo-paciente ya que no siempre es todo lo sincera que debería.

No es cuestión de buscar culpables. Todo apuntaba que íbamos en esta dirección. Ya casi todo se piensa en términos mercantiles, incluída la odontología. También la formación ha fomentado que se siga este camino. Por ejemplo, a partir mediados de los 80 se decide que los odontólogos podrán ejercer sin haber cursado antes medicina, como habíamos hecho nosotros. No es una cuestión de conocimientos, ya que seguramente a nivel técnico salen más preparados. Es más un tema de actitud ante la profesión. Y es que con esta decisión también se pierde el período que dedicábamos después de la carrera de medicina a ejercer de médico asistente. Eso significaba trabajar sin cobrar en hospitales públicos. Allí aprendías como nunca sobre tu profesión, y no sobre términos de dirección de empresas. Esto forjaba un carácter especial. Una visión de servicio a las personas que no se compra ni se vende.

Con la reforma, la odontología se vio como una buena salida para jóvenes que podían estar más o menos interesados en la medicina. Era una opción que implicaba menos tiempo de formación y era más rentable, un falso mito que ha llegado a nuestros días y que ha alimentado la idea de dinero fácil.

La realidad es que ya hace tiempo que los dentistas no tienen el futuro asegurado y que en el sector también hay masificación y paro. No está fácil abrirse camino. Muchos profesionales no tienen más remedios que formar parte de una franquicia aceptando las condiciones impuestas por estas.

¿Mi recomendación? Creo fundamental recuperar el papel del odontólogo asistente, aunque actualmente la ley laboral no lo permite. Por supuesto no estoy abogando por la precariedad laboral sino que estoy reclamando la figura de lo que en otros sectores sería el aprendiz. Durante los años post-facultad lo más importante no debe ser la remuneración, porque nos puede hacer tomar malas decisiones, sino formarnos al lado de profesionales que nos puedan ayudar.

Pero antes que nada, recomiendo que los estudiantes se pregunten si esta profesión es vocacional y, si la respuesta es positiva, seguramente, el resto vendrá rodado. Es la única manera de recuperar la relación odontólogo-paciente basada en la honestidad, el compromiso y el trabajo bien hecho.


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